Gospel Reflection

SECOND SUNDAY IN ORDINARY TIME (JANUARY 19)

Is 49:3.5-6 Ps 39:2. 7-8a 1Cor 1:1-3 Jn 1:29-34

The Christian mission is the same as Christ’s: to manifest our love and service to the Father by loving and serving, as Christ, human beings. If Christ’s love is one without boundaries, our love also has to be one without limits because what is essential to the human person is love: love is what gives personality and freedom to the person; according to St. Augustin: “ama et quod vis fac” [love and do what you will]; the lack of love, egotism and hate depersonalize, destroy, and enslave the person. For this, we are persons to the degree that we love, and we depersonalize ourselves to the degree that we do not love because love, generosity, disinterested commitment, mercy… is the potestative exercise of the person to the point that the ability to offer one’s life for someone converts itself, as Christ reveals, in the greatest testimony of love. If God is love, God cannot be lived, known or experienced via reasoning, but only in loving: Love with love is demonstrated. John the Baptist’s willing disposition toward God of is total: his love takes him to perform the greatest penances, to self denial so that only the divine light may guide him in his highest mission: to prepare the way of the Lord. This is what we are also called to do with ourselves: prepare with our ready willingness, with generosity and commitment the ways of divine grace that descend to our spirit by means of prayer, the sacraments and the good works that we accomplish with love. In this way we can have vision of God and give witness of it proclaiming as the Baptist: “I have seen for myself and have testified, ‘This is God’s chosen One’” (Jn 1:34).

.

 

 

 ≡

 

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (19 DE ENERO)

Is 49:3.5-6 Sal 39:2. 7-8a 1Cor 1:1-3 Jn 1:29-34

La misión del cristiano es la del mismo Cristo: manifestar nuestro amor y servicio al Padre amando y sirviendo, como Cristo, a los demás seres humanos. Si el amor de Cristo es un amor que no tiene fronteras, también nuestro amor debe ser sin límite porque lo esencial de la persona humana es el amor: el amor es lo que da personalidad y libertad a la persona según la expresión de San Agustín “ama et quod vis fac” [ama y haz lo que quieras]; el desamor, el egoísmo, el odio, despersonalizan, destruyen, esclavizan a la propia persona. Por eso, somos personas en la misma medida que amamos y nos despersonalizamos en la misma medida que no amamos porque el amor, la generosidad, la entrega desinteresada, la misericordia… es el ejercicio potestativo de la persona hasta tal extremo que el hecho de dar la vida por alguien se convierte, como dice Cristo, en el mayor testimonio de amor. Si Dios es amor, a Dios no se le vive, se le conoce o se le experimenta con razonamientos, sino amando: el Amor con amor se demuestra. La disposición hacia Dios de Juan el Bautista es total: su amor le lleva a las mayores penitencias, a la abnegación de sí mismo para que fuera sólo la luz divina quien lo guiara en su altísima misión: preparar los caminos del Señor. Esto es lo que nosotros estamos llamados también a hacer con nosotros mismos: preparar con nuestra buena disposición, con nuestra entrega y generosidad los caminos de la gracia divina que desciende a nuestro espíritu por medio de la oración, de los sacramentos y de las buenas obras que realizamos con amor. De este modo podremos tener visión de Dios y dar testimonio de ella proclamando como el Bautista: “Yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” (Jn 1:34).

Proverbios de Fernando Rielo

La muerte es el frac con que nacemos y nadie nos quita.